martes, setiembre 05, 2006

Contra el viento

Hace muchos años, echaron por la televisión una serie que se llamaba precisamente así “contra el viento” y su argumento era la historia de una familia inglesa privada de su libertad. Esta familia había sido trasladada a la isla penal de Australia, en ella reconstruyen sus vidas aún estando prisioneros, a la cual aspiran y luchan por recuperarla.

Aunque no sea similar la situación, pienso que así es la vida luego de salirse de la Obra. Aclaremos, no quiero que se piense que he salido de Alcatraz y que ahora venga a despotricar contra una institución que bien que mal está aprobada por la Iglesia Católica. Discutir ahora si es secta o que no lo es, que si me dejaron salir libremente, que tuve tantas oportunidades, que no las tuve, que me manipularon, etc., etc., etc., pienso que viene bien hasta cierto punto, pero que no debe ser lo que centre nuestras vidas una vez fuera.

En la serie en cuestión estos luchan por alcanzar la libertad, pero una libertad legal ya que la del espíritu se ve que la tienen intacta, sino carecerían de fuerza para luchar por sus derechos y libertades. Pues sin que esto sea una analogía, puede darse que estando fuera sigamos vinculados mentalmente a todo lo de dentro y por lo cual esa libertad a la que aspiramos no sea una realidad en nuestras vidas, porque seguimos con el lastre de los temores, sinsabores y esquemas que teníamos dentro.

Por eso pienso lo siguiente: ¿qué es más importante, recordar lo que hemos vivido dentro y el daño –real o ficticio que esto último puede haber también- que padecimos dentro?. Esa sería una vía, pero es mejor ir a lo positivo y reforzar la reconstrucción de nuestras vidas a raíz de la experiencia vivida. Ver positivamente nuestra propia vida, sin olvidar claro lo que se ha vivido, pero sin anclarnos en ello y sobre todo, sin seguir repitiendo las frases celebres que se escuchaban en los medios de formación.

Es evidente que ha habido y sigue habiendo mucho engaño en lo que enseña la Obra sobre si misma, un examen minucioso de su proceder en cuanto a los aspectos jurídicos –para tomar uno de los tantos puntos que podrían analizarse- no pasa la menor crítica que pueda hacérsele. Esto se aprecia sin necesidad de entrar a webs, blogs o libros que se hayan escrito sobre el tema. Basta pensar un poco e ir uniendo cabos. No obstante, la ayuda de estos medios de comunicación facilita la tarea de desmontaje. Por lo cual, no hay que matarse defendiendo lo indefendible, no sigamos tapando el sol con un dedo, lo cual hicimos durante nuestra estancia –voluntaria o forzada- en la Obra.

Este es uno de los esquemas que hay que luchar por eliminar de nuestra forma de razonar, las reflexiones que reducen la realidad e impiden el libre ejercicio de la razón en el análisis de un aspecto concreto de una institución. Por supuesto que la subjetividad cobra especial importancia según sean los años que se lleven fuera, pero aún con este “ingrediente”, debe reconocerse que lo que la Obra nos enseñó de si misma no es así, sino todo un montaje dirigido a un fin.

Que hay mucha gente dentro feliz de estarlo y dando gracias a Dios por ello, claro que si, yo fui uno de esos durante casi 19 años. Cada vez que salía a cuento el tema de los que se habían ido, lo cual era tratado recurrentemente en meditaciones, charlas y círculos, yo dirigía mis oraciones al Cielo dando gracias a Dios por estar allí y pidiendo que me pasara cualquier cosa, hasta la muerte, menos irme de la Obra. Pero ahora estoy acá, por lo cual mis oraciones o no fueron escuchadas o no fueron sinceras. O sencillamente por más que recé, me partí el lomo –por no decir otra cosa- y en fin, con todo y todo, estoy fuera y esa es ahora mi realidad.

Que me fui peleado, que me fui pacíficamente, que quedé de gran amigo –otro temita que es cuentito-, etc., etc., etc., sea como haya sido nuestra salida, la realidad ahora de cada uno es que estamos fuera y por lo cual se aplican las palabras de D. Álvaro citadas acá por Pablo en su mail. Y eso lo sabemos todos, porque no es un conocimiento producto de unas lecturas, sino es un conocimiento empírico, es decir, lo sabemos porque nosotros mismos procedimos así con los que se fueron. Los sacamos de nuestras oraciones de forma automática, los consideramos fuera de la “familia” en un santi amen, todo el supuesto cariño fraternal se fue al garete. Tal como lo hicimos nosotros, así nos lo han hecho, por lo cual, no se comprende como puede haber defensa de algo que no da “ni un duro” por nuestras almas. Pero haya cada quien.

La familia de la serie antes mencionada luchaba por su libertad y ponía los medios para ello, una vez conseguida se puso manos a la obra a sacar adelante el proyecto de vida que tenían pensado. Pues pienso que así debe ser, una vez se ha tomado la decisión de irse, hay que aplicarse a salir adelante reconstruyendo cada uno sus vidas según sus circunstancias; respetando la libertad de los demás y no poniendo el grito en el cielo porque los demás se atrevan a disentir de lo que uno creyó que era verdad absoluta durante tantos años.

Suerte a todos por este andar de la vida misma

A.V.

P.D. No pongo mi nombre completo porque quiero hacer uso de esa libertad que se me da de optar a firmar con mi nombre o no. El entendido a señas, muchos saben que significan estas dos letras.

2 comentarios:

gusramca dijo...

"...Por eso pienso lo siguiente: ¿qué es más importante, recordar lo que hemos vivido dentro y el daño –real o ficticio que esto último puede haber también- que padecimos dentro?. Esa sería una vía, pero es mejor ir a lo positivo y reforzar la reconstrucción de nuestras vidas a raíz de la experiencia vivida. Ver positivamente nuestra propia vida, sin olvidar claro lo que se ha vivido, pero sin anclarnos en ello y sobre todo, sin seguir repitiendo las frases celebres que se escuchaban en los medios de formación..."

Es interesante y gratificante esta frase, para mi resume el sentido de muchas de las cosas que hablamos.

Para mi, el opus es un frio recuerdo del inicio de mi vida adulta y del final de mi adolescencia. Ese periodo donde aun creia en los mayores, o en las instituciones.

El periodo donde uno pensaba que si "viene de alguien que sirve a dios (al dios que sirven ellos)" entonces era lo correcto. Luego adviertes que ese "siervo de dios" tiene una o varias personalidades y no terminas de entender cual de ellas es la que habla con Dios.

Te das cuenta, repito, que ya no es todo tan blanco ni tan negro, que es mas bien gris y depende de la circunstancia. Que aunque la palabra de Dios es eterna, depende de quien la diga y de que cosa haga el que la interpreta y la predica.

Entonces, para mi, el opus es la entrada al mundo de lo circunstancial. Si claro, porque entonces comienzas a leer discursos ideologicos en todo lado, comienzas a notar las diferencias entre lo que se predica y lo que se practica en casi todo lado. Te das cuenta de lo hipocritas que resultan los que hablan del bien y la misericordia y hasta puedes perder tu mismo la fe.

No es mi caso desde luego -al dia de hoy- pero si lo fue durante mucho tiempo.

Si estuviera FFM aca me diria que debo reconocer las cosas buenas que recibi, si bueno comenzaria a contar esta ultima, me abrieron los ojos a la realidad de los cristianos, es decir, que aunque digan que leen la vida de jesucristo es muy probable que no la practiquen.

Asi que fue bueno, para mi oficio, dejar de dar las cosas por sentadas y encontrar siempre las razones que motivan a decir y hacer de los que se llenan la boca con discursos ideologicos.

Credulo??? No more... ese es el gran ejercicio de vida que me dejo el Opus Dei, siii dudar de todo hasta encontrar - con claridad - las motivaciones de fondo.

Anónimo dijo...

esa serie trata de una chica irlandesa cuya familia se ve multada por dar ella catecismo clandestinamente y al ser descubierta por los protestantes ingleses (que oprimen Irlanda) le quitan la única vaca que su familia poseía. Luego ella en la noche va a la casa del pastor y se roba su propia vaca. Por este hecho es condenada al destierro de por vida a la colonia penal de Australia, allí conoce a otro condenado llamado Jonathan con el cual hace su vida.