viernes, julio 28, 2006

Cuando Alguien me pregunta...


Cuando alguien me pregunta, Gustavo porque entraste a la Obra no se que decir, aun no entiendo porque, supongo que me pareció bueno eso de ser del estado mayor de Jesucristo y supongo que me asustaron con las palabras de Jesús en la Parábola del Joven rico. Supongo que también me cautivo el ambiente cálido y lo bien que me hacían sentir mis nuevos amigos. Para el joven que fui, parecía buena idea dedicarse a las cosas de eso que llamaban opu y de lo que conocia muy muy poco.

Lo malo es que en realidad no sabia de que se trataba y comencé a tener problemas de salud y de estudio. Me era contraproducente y esto lo saben quienes fueron directores en esa época. Comencé a sentirme aislado y desubicado de la vida que tenia y lejos de mejorar empeoraba, hasta que un día tome mis cosas y me fui.

Se que en el paso posterior de los años cometí muchos errores, me metí en cosas que ahora me hacen sonrojar, de todas ellas estoy libre ahora y me dedico con fervor a mi familia a la que venero.

Tengo muchos amigos, hago muchas cosas pero sobre todo, al despertar no puedo mas que agradecer al Buen Señor el don de la vida.

Cuando vivéis estas expuesto a los elementos, te raspas, te caes, te lastimas y te levantas una vez mas, para volverte a caer una y otra vez y esto nunca hizo que tuviera ganas de colocarme el cañón de mi arma en la boca. Solo me dieron ganas de volver a vivir.

Cuando ahora, casi a los cuarenta miro para atrás, veo lo que deje, miro la persona en la que me convertí siento agradecimiento con los que ya no están –mi madre por ejemplo- y amigos que partieron antes de tiempo.

Agradezco al Señor cada tesoro de mi sancto sanctuorum, el ultimo beso a mi madre, mi profesión, mis dos sobrinas, mi matrimonio, la sonrisa de mi padre, el abrazo de mis amigos, la dulzura del primer beso, el corazón que te ha sabido amar y esos ojos negros que al despertarte cada mañana te dicen cuanto te aman.

Nada es fácil, los que vivimos en medio de lo cotidiano llegaremos a rendir nuestras cuentas al Señor, el día de nuestro juicio, con las manos, los pies, el pecho, los brazos y el corazón lleno de cicatrices por vivir nuestra vocación en medio del mundo, a veces amable, a veces traidor, a veces mentiroso, a veces hermoso, a veces frió, a veces con calor, como el de los que cada día tocan tus manos y tu piel con el único afán que sepas cuanto te aman.

La vida es un circulo encadenado a otros círculos, si uno se cierra se abren otros, nada es tan definitivo como el afán del hombre por vivir en libertad y nada es tan contagioso como eso, la libertad.

Y el saber que cada cosa que tienes, cada bendición, cada cicatriz o herida que aun sangra son los pequeños resultados de tu interacción con el mundo y entonces es cuando adviertes que tu paso por el mundo, a veces doloroso, te llena de satisfacción porque aprovechaste los talentos he hiciste un buen negocio y saliste a la calle a conquistar el mundo en lugar de vivir en una torre de marfil, te lanzaste a los rápidos a remar, a sobrevivir y sobrevives, como es la promesa del Señor.

Amigos y amigas, la vocación cristiana la debemos a nuestro Señor, y en primera instancia a nuestra familia y a la Iglesia Universal. Mucho se nos ha criticado, se nos han dicho cosas horribles, que sabe Dios, solo la gracia nos hace sobrellevar, pero acá seguimos.
Amigos, amigas, no perdamos la fe por mucho que nos ladren, sigamos adelante. Nos debemos al niño que fuimos, al adolescente –tal vez crédulo – que vivía cada día dando gracias por ese don inexplicable que llamamos vida. Todos los saben, ahora vivimos mejor, por mucho que nos hayamos caído. No dejen de marchar, si, llegaremos al juicio particular con muchas heridas, unas cerradas, otras abiertas y con todas ellas le mostraremos al Señor cuan provechosa ha sido nuestra vida y cuanto nos han rendido los talentos.
Puede ser que te vayas a caer, de hecho pasara, pero no te preocupes, podras levantarte y seguir la carrera...
Gustavo Ramirez Calderon.

4 comentarios:

Fiko dijo...

Gustavo,
Qué buena nota lo que escribistes. Me gustó mucho. Y comparto con vos mucho de lo que decís. Cada uno tiene una razón muy particular por la cual entró a la Obra, y otra igual de particular de por qué salió. Pero lo importante es conquistar el mundo desde fuera, en vez de desde una torre de marfil, llevándose golpes y alegrías a diario. ¡Felicidades!
Fiko

jaimev dijo...

Navegando en Internet -sin mucho rumbo, la verdad sea dicha- acabo de encontrar este blog y concretamente tu comentario estimado Gustavo.

Fui numerario 17 años. Ya de por si esta sentencia -tan facil de escribir y tan cargada de sentimientos- nos identifica de una forma dificil de describir. Comparto lo que dices y te agradezco el que la escribieras.

gusramca dijo...

Cada uno tiene una historia Jaime, dificil de contar, pero es algo que todos entendemos. Aqui nadie es perfecto, aqui todos somos seres humanos.

GR

exopusdecostarica1 dijo...

Hola jaimev:

Bienvenido a esta tu "casa" y espero que el descubrimiento del Blog tan sin "rumbo" haya sido una de esas cosas de la Providencia divina. Cuéntanos tu historia - 17 años... Vaya!: le zumba el mango a cualquiera - si lo tienes a bien. Gracias por escribir.