martes, agosto 01, 2006

¿Santificando el trabajo?


El tema de la santificación del trabajo es “el tema” en el opus; su espiritualidad arranca con una cita del Génesis, que como todo en el Opus Dei, se interpreta a favor de su peculiar espiritualidad. Así el fundador no se cansaba de repetir que “el hombre fue creado para trabajar”; citando al Génesis que, cuando se lee directamente no dice eso, dice que Dios creo al hombre (refiriéndose a Adán, no al género humano) y lo puso en el Jardín del Edén, para que “lo” trabajara (el Jardín del Edén; Génesis 2,15). Sin embargo, de acá arranca toda la espiritualidad opus. Yo en lo personal, espero dejar pronto de trabajar y dedicarme a todo aquello que el trabajo no me permite hacer para crecer como persona: aficiones, cultura, proyectos de servicio voluntario, etc. en la confianza que no por ello se me cerrarán las puertas del Cielo, pues de niño aprendí en el catecismo que Dios creó al hombre para amarle y servirle en esta vida, y gozar de él en el Cielo; de trabajo… nada, afortunadamente.

Pero entrando al tema, los recuerdos de mi “trabajo” en el club Kamuk, en retrospectiva, me hacen confesar que no es motivo de orgullo. Un trabajo muy “amateur”, sin ningún conocimiento profesional de lo que hacía, sin ninguna preparación anterior o simultánea, careciendo de toda idoneidad humana y profesional, pues era un universitario que “formaba” niños y adolescentes sin más calificación que cumplir un plan de devociones y ser del opus. Sin conocimientos de pedagogía, psicología, contabilidad o lo que fuera para lo que fuera llamado. Si hacía falta un curso de computación, a leerse un librito y dar el curso cobrando a los asistentes una significativa cantidad pues a fin de cuentas ellos no se darían cuenta de la deficiencia del instructor; lo mismo pasaba con cursos de técnicas de estudio, oratoria, lo que hiciera falta… un librito cuyo índice servía de programa era suficiente. ¿Era eso un trabajo hecho con excelencia?

Durante mis años de estudiante se insistía - por parte de los directores - en el estudio como mi propio trabajo profesional, que había que hacerlo bien para destacar y atraer a los mejores, pero “del dicho al hecho hay mucho trecho”, tiempo para estudiar era lo que faltaba, primero las devociones del plan de vida: misa, rezo del rosario, dos medias horas de oración, lectura espiritual, preces, visita al Santísimo…., luego los encargos materiales y apostólicos, luego dar/asistir al círculo de San Rafael, luego las charlas de formación interna, el círculo de San Miguel, la charla con el director y con el sacerdote, a eso sumamos las clases y el día se había ido. Cuando hice mi centro de estudios en Guatemala, recuerdo que había que robarle horas al sueño para poder prepararse para los exámenes, o sea que el estudio ocupa en realidad el último lugar. No era infrecuente ver que los jóvenes que asistían al Centro Juvenil Kamuk bajaban su rendimiento al hacerse de la institución, y si a eso sumamos las limitaciones en las lecturas (yo saqué cero en un examen porque no estaba permitido leer los libros del Premio Nóbel Miguel Ángel Asturias) y las limitaciones de material (se nos decía que no había que ponerle nombre a los libros ni escribir en los mismos para que los usaran otros y ahorrarse la compra de útiles, aunque simultáneamente se nos pedía que solicitáramos el dinero de los libros a nuestros padres para comprar los libros, pero con el objeto de entregar ese dinero a la Obra y acabar utilizando los usados), no es extraño que el rendimiento académico decreciera en muchos casos.

Naturalmente que cursos de especialización, estudios post grado, idiomas o cualquier otra cosa que pudiera mejorar la calificación profesional estaba sujeto no solamente a la opinión del director de turno (que siempre sacaba a relucir que el tiempo era para sacar adelante los apostolados de la Obra), sino también que el dinero se obtuviera con becas o con nuestras familias, pues los ingresos personales se entregaban en su totalidad al opus y de allí solamente salía para los gastos imprescindibles. Por eso no es extraño que, en el caso de los numerarios, haya tan pocos profesionales trabajando fuera del opus y éstos no son particularmente exitosos o ejemplos profesionales. Entre los supernumerarios es más frecuente, aunque generalmente alcanzaron su éxito antes de ser miembros o “a pesar de” ser miembros. El destino normal del numerario es terminar como director de un centro del opus, dedicarse a la enseñanza (horarios fijos y salarios estables), o hacerse sacerdote, y para eso las maestrías, doctorados, especializaciones, idiomas y demás menesteres no son un requisito; basta la obediencia, o en el caso de las mujeres, como decía el fundador “basta que sean discretas”.

No faltaban las charlas sobre la santificación del trabajo, pero éstas se reducían a “ofrecerlo a Dios” y “a Dios no se le ofrecen chapuzas”; si eras estudiante poner un crucifijo en el pupitre o una imagen de la Virgen, ofrecerlo para que un amigo se hiciera de la obra y poco más. Cuando perdías una materia se enteraban porque tenías que explicar los exámenes adicionales, pero por regla general (cabrá alguna excepción) las prioridades eran otras: si rezabas, si te mortificabas, si traías gente a la meditación del sábado, si invitabas a los retiros, si... si… si…y así como llevan allí la cuenta de todo: cuántos asisten a los círculos, cuántos se confiesan, cuántos van a un retiro, cuántos pidieron la admisión, cuántas jaculatorias rezaste, cuántas partes del rosario; nunca, pero nunca se me pidió que contabilizara cuantas horas de estudio o que se propusiera como meta que todos los numerarios obtuviéramos notas altas, de eso nada de nada. Con el tiempo aprendes a “usar el sistema”, si quieres estudiar entonces consigues un amigo que llegue a estudiar y así sí puedes estudiar, pero no por el estudio, ni por tu propio rendimiento, sino porque a través de ese estudio “encajas” a otro en el centro, porque lo haces con una finalidad proselitista ajena al estudio en sí, pero para uno lo que contaba era que podía estudiar tranquilo.

Dentro de esas charlas sobre la santificación del trabajo (guiones ya preparados, leídos y brevemente comentados por el director o el sacerdote) abundan las citas del fundador, con el tiempo llegué a extrañar otras fuentes autorizadas del Magisterio, como si sobre el trabajo no existiera nada más en la Iglesia que el opus, incluso cuando Juan Pablo II publicó la encíclica “Laborem Exercens” (El trabajo humano), ésta fue comentada un poco, se hizo alguna actividad relacionada con ella y luego se la sumergió en el olvido, tal vez porque cuando cita al Génesis como primer acercamiento al trabajo, no hace la cita que repetía el fundador del Opus Dei, sino otra cuando se ordena al hombre someter la tierra y dominarla (Génesis 1,28), quizás porque no se menciona en ella que el hombre tiene como finalidad el trabajo o quizás porque se habla con entusiasmo de la importancia de los sindicatos o del salario justo, quién puede saberlo, tal vez es algo más prosaico: el Magisterio de la Iglesia no les interesa, su mundo eclesial, magisterial y teológico comienza y se acaba en las palabras de su fundador.

Hablando del salario, este siempre fue un tema intrigante, los ingresos del Club Kamuk en recibos de la Asociación que maneja toda la actividad económica “externa” seguramente se contabilizaba profesionalmente en la sede de la asociación. En el Club Kamuk se llevaba una contabilidad muy rudimentaria, por jóvenes universitarios sin ningún conocimiento contable, por lo general, y los cursos hacían sus propios ingresos y gastos con el correspondiente pago de profesores. Los directores percibían un salario, que ingresaban íntegramente a la institución; sin embargo nunca se firmaban contratos de trabajo, no existía la menor expresión de legalidad laboral e incluso ninguno tenía seguro de la Caja del Seguro Social; esto para mí era, no sólo una burla a las leyes de trabajo, sino moralmente una falta a la virtud de la justicia, pues los directores al no cotizar esos años, quedaban excluidos de los servicios asistenciales, prolongaban su período de cotización para alcanzar las cuotas de jubilación y su omisión afectaba también los ingresos del Seguro Social que tenía derecho a ellos. En este tema había un doble discurso, un doble tratamiento moral, se nos decía que la obra es una familia, y que las enfermedades y necesidades de la vejez serían proveídas por ella. Pero entonces ¿es santificable el trabajo que evade las leyes laborales? Estos temas nunca fueron motivo de una charla o de la confesión. Siempre te preguntan si rezabas, te mortificas o te masturbabas; pero no te preguntan si cumples con tus obligaciones ciudadanas, el pago de impuestos, los salarios justos para los empleados, etc. etc. etc., como si el trabajo humano no tuviera una dimensión social y solidaria, agotándose en ser el medio egoísta para alcanzar la salvación individual o el medio para reclutar nuevos miembros. Y luego está el tema de los que se van (la gran mayoría), que luego de trabajar años en labores internas, se encuentran sin haber cotizado para una pensión, para tener derecho a los servicios de salud y tantas otras cosas.
Salí del opus luego de una década sin saber cómo se come eso de la santificación del trabajo o cómo compaginar lo que se decía y lo que se hacía. Por eso no me sorprendió leer hacer poco una noticia en que un miembro italiano del opus apareció muerto, luego de estar vinculado a la quiebra fraudulenta de Parmalat y el vocero del opus en Italia diera declaraciones sobre el premio celestial a que tenía derecho ese hombre tan “generoso”; ¿sería generoso con lo ajeno, luego de propiciar que muchos pequeños y grandes inversionistas y ahorrantes perdieran todo su dinero?
Yo ahora no me acuerdo de ofrecer mi trabajo a Dios, ni tengo una imagen de la Virgen ni pongo un crucifijo, ni digo jaculatorias… pero sé que lo tengo que hacer bien para poder seguir pagando el salario del que dependen 7 familias, que lo debo hacer buscando lo mejor para todos, pagando mis impuestos y cargas sociales, resolviendo con mi conciencia los problemas éticos que enfrento sin andar preguntando a un director cual es el criterio que debo seguir, buscando mejorar mi preparación profesional con nuevos cursos y actualizaciones, pagándole a mi gente cursos para que no se queden atrás… entonces veo que los que dependen de mí hacen su casa y crían a sus hijos y eso me hace feliz y pienso que Dios deberá también sonreír contento… sobre todo porque para hacer eso no hace falta mucha teología.
PABLO

7 comentarios:

gusramca dijo...

Muy bien, son la clase de cosas que uno se espanta y q la gente debe conocer.

Santos prefa, con vision suigeneris de la justicia y de la caridad...

Gusramca

Anónimo dijo...

Tema controversial y muy delicado !!

1. Santificar el trabaja significa ofrecerlo a Dios y que este sea vehiculo para ganarme el cielo o será que para expander la obra ??2. Con tanta carga extra curricular, donde queda el tiempo para la excelencia académica.
3. Desviación de fondos y engaños a los padres con dineros que no se destinan al fin solicitado. Será eso correcto ???
4. Todo el dinero se entrega a la obra y se usa solo lo necesario, big business !!.
5. Los jovenes no entendemos la importancia del seguro médico y de la pensión, hasta que es muy tarde para poder comenzar a hacerlo. !!!

Santa pillería o engaño sin gota de verguenza.

Anónimo dijo...

El opus dei se acomoda de una manera muy particular y subjetiva al orden moral que le convenga. Hace de sus miembros verdaderos títeres programados: pensando, hablando y actuando igual. Soy testigo y pasé por muchas de las situaciones que menciona Pablo. Los cursos que se preparaban eran una verdadera estafa y con el sólo fin de atraer niños adinerados.

gusramca dijo...

Me puese a pensar este articulo durante la noche y hoy en la mañana me levante con esa sensacion de inconformidad.

Mira, acudimos a la cosa opusmafiosa con la promesa q seriamos santos en medio del mundo y lo que nos recetaron fueron normas de cumplimiento.

Pero nosotros pudimos advertir que no habia mucho sobre la caridad, la justicia, la honestidad en el cumplimiento de la ley, el cual el mismo Señor cumplio, y con muerte de cruz.

Nos dijeron que hicieramos esto y aquello, pero nos dimos cuenta que el camino a la salvacion no estaba pavimentado de jaculatorias, sino de acciones, pues la puerta de la salvacion se habrio justamente con el sacrificio en la cruz.

Q dilema, q engaño, q injusto.

exopusdecostarica1 dijo...

Pues si se trata de "confesiones" de este tipo; yo tengo que reconocer que fui participe activo de este tipo de "cursitos" de tercera o cuarta categoría que durante casi mis 20 años de pertenencia en el opus dei yo fui uno de los "encargados".
Se trata de los famosos "test de aptitudes" - se acuerdan? - que se impartían como material de "relleno" de los famosos CURSOS DE INTRODUCCION A LA UNIVERSIDAD.

Era el test - no se si aún lo usan - desarrollado por un señor de apellido "Kuder" y que se utilizó indiscriminadamente y casi en forma masiva a muchos estudiantes de 5 año de colegio. De lo que más me llamaba la atención fue lo "desactualizado" que se veía a leguas - de hecho venían carreras u oficios muy pasados de moda. Obviamente este encargo que me fue asignado venía con la indicación de que era bueno y que no me preocupara, que simplemente lo aplicara a los estudiantes. Más grave aún era la segunda etapa que era la "interpretación" de los resultados y la consejería que se daba para escoger carrera.

Insisto, era una irresponsabilidad y un disfraz para captar estudiantes y meterlos a las redes del opus dei.

Perdón

Anónimo dijo...

Los famosos test !!
Hasta ahora los recuerdo. Eran test de actitud profesional. Recuerdo que algunas de las preguntas iban en circulo hacia la vocación sacerdotal. Vaya, vaya, que casualidad, de test. No les parece !!!

Fiko dijo...

Wow... y según yo, yo era el único que al que le pasaba eso... había tan poco tiempo para estudiar... eso sí, con el crucifijo en frente y aparentando estar "muy concentrados"... puro cubito Maggie. Entre tanto rezo y tanta norma... ¿a qué horas? "Es que te falta trabajar más la virtud del orden"... No me faltaba -ni me falta- nada más que me dejaran en paz y hacer lo que me diera la gana, ¡como ahora! Y mi trabajo funciona, y mi casa también, y mi familia también, y mi vida personal también... y nunca le ofrezco nada a Dios... a El le da lo mismo, en tanto yo esté feliz. ¡Y lo estoy! Y eso es lo que importa. Tantas horas de mi vida dedicadas a tanto rezo... ¿y para qué?... ¡qué engaño! Y yo digo... ¡viva la libertad!... pero la real, la de verdad, no la "forzada", la que no daba tiempo de hacer nada, sino de agobiarme porque había que llegar cada semana a la charla fraterna con "algo qué decir" y luego a repetir lo mismo en la confesión para que no te llamaran la atención por lo "flojo" que habías sido... Lo único para lo que sirvió eso fue para aumentar la bendita culpa, que tantos años me ha costado quitarme de encima. ¡Qué rico es ser libre, y hacer lo que me da la regalada gana, sin tener que rendirle (como bajo un sistema de contabilidad) cuentas a nadie! Dios incluido, porque El no está con una calculadora sumando si hiciste o no hiciste esta o aquella norma y si te santificaste un poquito más o menos cada día ofreciéndole tu trabajo “por las vocaciones a la obra, por las vocaciones sacerdotales, por las intenciones del padre, por las intenciones del papa, por los obispos, por.. por… por…. Máquinas de rezar ... Esos cálculos... son inventados, y no sé de quién serán, pero en definitiva, NO son de Dios, aunque hayan querido ponerlo a El como el contador que no es. Contadores serán ellos… de plata, de vidas malinvertidas, y de tantas otras cosas también. ¡Qué desperdicio! Amén.