miércoles, junio 28, 2006

NOTICIAS BREVES II


EN DEFENSA DEL OPUS DEI

El periódico OJO Mirada a la Actualidad , en su edición 15 de junio al 1 de julio de 2006, ha publicado un artículo bajo ese título: "En defensa del Opus Dei"; este artículo está dividido en tres partes totalmente independientes y sin conexión alguna:
  1. El Opus Dei en Costa Rica: En el corazón de Pavas.
  2. Entrevista al Prelado del Opus Dei en Le Figaro.
  3. Una respuesta constructiva ante el Código Da Vinci.

Un "refrito", es el mejor calificativo que se le puede dar a este artículo; un conjunto de dos notas bajadas de Internet del sitio oficial de la Prelatura y una narración del apostolado de la sección femenina del opus dei en Costa Rica.

En la primera parte no se menciona el "semillero" de vocaciones de numerarias auxiliares que representa Instituto Profesional Femenino de Pavas (IPFP); ni su utilización para hacer "visitas a pobres" con chicos y chicas universitarios de clase media - alta. Como se mencionó, esta es una iniciativa de la sección femenina del opus dei en Costa Rica... cual es la iniciativa homóloga de la sección de varones del opus dei en Costa Rica?... será porque fue "cerrado" el Centro Cultural Moyagua en el año 2001 por falta de interés?

La segunda parte es una entrevista realizada al prelado del opus por el periódico francés Figaro-Magazzine en abril del 2006; donde se hace un despliegue propagandístico de los ámbitos, cantidad de lugares y personas donde el opus dei se ha insertado. No se hace mención a temas controversiales del opus dei; más bien se evaden con una ligereza impresionante, como cuando el mismo prelado afirma que en el opus dei solo hay miembros mayores de edad.

Y la tercera parte, se mencionan las nuevas estrategias apostólicas del opus dei (más bien "comerciales"?) en el mundo como harambee 2002.

Para quien se sienta "no tomado en cuenta" en los contenidos del artículo o aquellos que quieran manifestar su opinión a los editores de este periódico, escriban a ojo2001@racsa.co.cr

PD: el director de este periódico es el señor Camilo Rodríguez... insisto en que deberían hacer un periodismo más profesional y representativo

lunes, junio 26, 2006

LA OPTICA Y EL PENSAMIENTO DE UN MIEMBRO

Esta es una pregunta que hace un padre de un hijo que va por un club juvenil...

"Mi hijo va por una casa del Opus Dei a medios de formación. Estoy seguro de que, como me descuide, me lo van a robar. A mí no me importa que haga lo que Dios quiera de él, pero creo que, si se hace del Opus Dei, le voy a
perder de vista. Es como si me robasen a mi hijo. Estoy confundido. ¿Qué me dices a esto?"

y la respuesta que le da un miembro del opus dei...
"Es cierto lo que dices. Pero creo que lo mismo se podría decir sobre el matrimonio. Si tu hijo se casase, también te lo "robarían". En este caso el robo lo efectuaría una mujer, pero seguiría siendo un "robo", porque le verías menos: tendría que preocuparse de atenderla, de sus hijos, de la hipoteca, el pago del coche...De todas formas, en el Opus Dei, siempre he oído decir que el 4º mandamiento -el de honrar a los padres- es el "dulcísimo precepto". Porque es una gustosa y agradabilísima tarea la de cuidar y atender a los padres. Si tu hijo se hace del Opus Dei, le animarán a llamaros, a veros con frecuencia, a escribiros cuando se va de viaje... Todo esto te lo digo porque es lo que siempre he oído, vivido y enseñado a los demás, desde que soy del Opus Dei.También nos recordaba incansablemente San Josemaría, que debemos a nuestros padres el 90% de la vocación. Porque si no fuera por la educación cristiana y ejemplar que nos han dado, difícilmente habríamos podido estar en condiciones de recibir la llamada de Dios al Opus Dei. Por ello, todos tenemos una gran deuda de gratitud con nuestros padres. Hace unos años conocí a unos padres que tenían un hijo del Opus Dei, y le veían como la oveja negra de la familia. Este hijo respondía a todas las trabas que ponían a su vocación con oración y comprensión, como siempre recomendaba San Josemaría. Cuando eso ocurre, supongo que el Señor se quiere valer de ellos, para afianzar al hijo en su vocación, o para cualquier otro fin; ¡Dios sabe más!"
SIN PALABRAS....

viernes, junio 23, 2006

A QUIEN INTERESE

Dado que se hizo mención a un tema relacionado con los miembros del opus dei, que allá por el año 1980, no habían perseverado; me permito dar la información que hoy hemos logrado recuperar – con cierta dificultad – debido precisamente al “secretismo” que en este tema se maneja dentro del opus dei. Por razones obvias de guarda de la intimidad de las personas, posiblemente afectadas por su paso en el opus dei, nos reservamos cierta información:
  • Desconocido
  • Ronald B.
  • José Rafael E.
  • Enrique V.
  • Gonzalo V.
  • Jesús M.
  • Álvaro C.
  • Luis Guillermo C.
  • Alejandro A.
  • Daniel A.
  • ¿? A.
  • Jaime N.
  • José Luis T.
  • Álvaro M.
  • Sergio B.
  • Johann L.
  • ¿? B.
  • Fernando C.
  • Juan Carlos H.
  • ¿? U.
  • Luis Fernando B.
  • Daniel B.
  • Álvaro C.
  • Rodolfo O.

A ese año los miembros numerarios activos (incluidos sacerdotes) eran 17 personas; de manera que con la lista anterior de 24 numerarios que no perseveraron, se tenía a esa fecha un 59 % de NO PERSEVERANCIA. Por otro lado, de los 17 numerarios costarricenses activos a esa fecha, solo 4 sacerdotes y si acaso 2 numerarios estaban en Guatemala y/o El Salvador.


Lo importante aquí es demostrar que, lastimosamente, a la persona a que se refiere el artículo “La no proporcionalidad de las cosas”que tiempo después llegó a ser director de un centro juvenilefectivamente se le mintió cobardemente; decimos cobardemente pues ¿por qué ocultar la verdad a las personas?... ¿por qué simplemente decir que la gente no persevera por x o y motivos?... ¿por qué el secretismo institucionalizado alrededor de ese tema?... ¿por qué se “silencian” las personas que fueron del opus dei y se les desaparecen de fotos, revistas, libros, etc.?...

miércoles, junio 21, 2006

La no proporcionalidad de las cosas

Cuentan de un director de un centro juvenil que animaba, a jovencitos de 14 años y medio, a entregarse en el opus dei para toda la vida; lo hacía utilizando sus dotes de simpatía, una risa sonora muy característica y una serie de argumentos de su vida personal.

Este director, con sus virtudes y defectos, y en determinado momento de su vida – eso sí ya mayor de edad – vio, como forma de vida, el ser del opus dei… “¿Por qué si la obra comenzó en Costa Rica en 1950, hay ahora tan pocos numerarios?”... preguntó; la respuesta sincera de con quien hablaba fue que debido a que muchos no perseveraban… Esta respuesta contrastó con la “oficial”, dada por el cura de turno, quien le dijo que se debía a que “muchos numerarios se habían ido a empezar o ayudar la labor en Guatemala y El Salvador”. Menuda contradicción y tremendo reclamo que le hizo este director, a quien le dijo lo de la no perseverancia de los numerarios. Sea como haya sido, al final, este director aceptó pertenecer al opus dei y renunció a varias cosas: sus planes personales, su familia y hasta su novia… todo, por hacer lo que él creyó y cree aún es la voluntad de Dios para con su vida. En esto no hay nada que recriminar.

Sin embargo - en repetidas ocasiones - varios participantes de este Blog, coinciden en cuestionar una práctica de este director: reunirse privadamente, en centros de la institución, con adolescentes que apenas sobrepasan los 15 años y poniéndose como ejemplo - prescindiendo de unas circunstancias personales completamente distintas en tiempos, madurez afectiva, experiencia de vida y comprensión intelectual - les incita ha entregar toda su vida futura dejándolo todo; así como él había renunciado “hasta a su novia”. Cuando éste director tomó su decisión vocacional, había estudiado en el extranjero, sobrepasaba la mayoría de edad y se encontraba realizando sus estudios universitarios; por contraste, sus interlocutores recién inician la pubertad, no tienen independencia de vida ni mayor experiencia de ella y en sus estudios aún no terminan la secundaria.

Salta a la vista que no existe comparación alguna - no hay proporcionalidad - en el momento y las circunstancias del planteamiento sobre una decisión de vida; sin embargo, este director extiende su propia experiencia de joven adulto a la vida de estos adolescentes, requiriéndoles la misma capacidad de renuncia y la misma capacidad de comprender el alcance de esa renuncia.

Pretender que un adolescente - cuyos noviazgos apenas se empiezan a diferenciar de una amistad, por seguir con el ejemplo usado por esta persona - comprenda el alcance de renunciar al amor, la pareja, el matrimonio y la formación de una familia, con la misma valoración que puede hacer una persona mayor de edad y con expectativas de futuro, es sencillamente irresponsable. Un planteamiento de ese tipo debe darse ante circunstancias similares en el oyente y su entorno (el ortegiano yo soy yo y mi circunstancia).


¿Por qué es repetitiva la “queja” de tantas personas distintas ante la misma experiencia?... pensemos bien y tratemos de sacar alguna enseñanza de esto.
Colaboraron 4 exnumerarios del Club Juvenil Kamuk

lunes, junio 19, 2006

!QUE RICO!


Nada causa más placer que recordar las cosas que hicimos, los primeros dias, al estar fuera de la ¨cosa nostra¨. Para muchos insignificantes pero de un enorme valor y sentimiento de retornar de un pasado de mucho o poco tiempo, pero de múltiples restricciones.
De las que más se recuerdan podríamos mencionar:
  1. No tener horario para levantarse y quedarse en la cama despierto. Si eso, quedarse ¨pereziando¨en la cama.
  2. Poder ver la televisión o una película solo y sin ningún corte o trifulca por las escenas que contiene.
  3. Poder hablar con una mujer de cualquier tema, en cualquier lugar. Fomentar amistades con sexo opuesto y si uno quiere, llevarlas en carro hasta su casa; y lo más importante, no sentirse culpable por todo eso. Poder ver a una mujer a la cara directamente y no con miedos o complejos estúpidos de hombre-niño.
  4. Poder comprar la ropa que uno quiera usar.¨Ultima moda¨ o ¨plan descuidado¨, que importa, pero usted lo decide.!!!
  5. Poder comprar comida rápida a la hora que uno se le antoje, ya sea solo o con invitados.
  6. Poder tener una siesta a medio día para trabajar con más ganas en la tarde. Lo han probado !!
  7. Poder escoger sus amigos por afinidad y no por cálculo o conveniencia.
  8. Poder disponer de las vacaciones a lo que uno quiera, sin restricciones de cursos ni viajes programados a Guatemala. Verdad que algunas pesadillas que todavía tenemos giran alrededor de los famosos cursos anuales, o no ????
  9. No tener que recibir más correcciones fraternas. No es verdad que es una buena noticia !!!
  10. Poder ir a fiestas, cumpleaños, bicicross o simplemente a un partido de futbol.
  11. Poder disponer del salario que justamente recibe de la forma que crea más conveniente. Solo usted decide. Responsable o irreverente, usted decide.
  12. Poder quedarse hasta tarde y no tener que pedir ¨permiso¨a alguien para hacerlo.
  13. Levantarse en la noche para ir al baño y no para hacer una visita a la capilla a las 3 a.m. Recuerdan !!!
  14. Llegar a casa a quitarse los zapatos, la ropa, ponerse pijamas y listo para cenar en la cama...... ¨Y seré, como esos reyes, que no envidian, que no envidian, ya nadita¨....
  15. Televisión y computadora en el cuarto con acceso a Internet 24 hrs. Como podíamos antes vivir sin eso??

Si lo resumimos en dos palabras serían: PODER DECIDIR, desde lo más superficial hasta lo más sagrado; eso es, PODER DECIDIR DE NUEVO, eso es salir de la ¨obra de Dios¨.

Alguien de adentro nos diría que son cosas de poca monta, comparado con estar haciendo el O.D. Para quien?? ... a quien le conviene que el O.D. se expanda sobre toda la tierra?? ... realmente es un favor que le haríamos a Dios o a personas con nombres y apellidos??? ... Si comienzas a cuestionarte esto, estarás comenzando por el camino sin retorno. Hasta la próxima.

JFI.

miércoles, junio 14, 2006

La atención de los exmiembros del Opus Dei por parte de la Prelatura

Bien es conocida la recomendación que se le hace a la gente que se sale del Opus Dei: “puedes ir por la Delegación cuando quieras… o a tal parroquia, donde un sacerdote te puede atender… nunca a tu Centro, pues serías motivo de escándalo…”

Y con esa frase, los directores se dan por “satisfechos” y una vez cruzada la puerta, pasamos a la lista de “personas que se fueron”… y proceden a darnos de baja… aunque dándoles el beneficio de la duda, también nos “encomendarán”.

Lo anterior implica – para los que permanecen en el Opus Dei - varias cosas ya conocidas:
  1. El que ha sido dado de baja, permanece en una situación de potencial estado de pecado; sino es que de hecho lo está ya.
  2. El hecho de darnos la opción de “llegar” a hablar con un sacerdote del Opus Dei, implica que de hecho lo vamos a necesitar.
  3. Y lo peor, es que piensan que “ya cumplieron” con su parte… que es suficiente…


No se puede generalizar el por qué y cómo han sido o serán las salidas de las personas que dejan el Opus Dei – son muchas y variadas las razones por lo que la gente se va - pero lo que sí es cierto, es que hay una fuerte tendencia a sentirse liberados por un lado; fracasados por otro; y obviamente solitarios… sin familia.


La pregunta fundamental que deberían hacerse los directores es realmente cuál será la situación de esa persona una vez cruzado el umbral de la puerta de salida; y ponerse a pensar – por caridad cristiana – si esa persona (antes “hermano”) es emocionalmente estable y si es suficiente recomendarle únicamente “visitar” a un sacerdote…


Como sugerencia, y para que no tengan que acusarse luego de faltas a la Caridad Cristiana (¿… cuándo estuviste desnudo, hambriento, en la cárcel…?…cuantas veces lo hayas hecho a uno de estos “pequeños”…) les enumero una agenda básica mínima de atención a una persona que ha salido del Opus Dei:

SERVICIOS PARA LOS AFECTADOS Y PARA SUS FAMILIAS

  • Diagnóstico.
  • Orientación familiar.
  • Tratamientos de deshabituación.
  • Seguimiento postdeshabituación.
  • Orientación sociolaboral y familiar para los exmiembros.
  • Asesoramiento jurídico.
  • Grupos de apoyo para ex-adeptos.

lunes, junio 12, 2006

AISLADORES


Visitando y leyendo esta página, sentí la necesidad y la obligación de escribir unas líneas entorno a mi vida en el Opus Dei. Yo fui un miembro del Opus hace unos años atrás. Me encantaría dar mi nombre como referencia, sin embargo, recurro al anonimato por miedo a represarias familiares.
Como dije, me hice del opus varios años atrás, siendo prácticamente un niño. El término secreto "PITÉ", claro en esa época y a mi corta edad (14 1/2) utilizaron todo tipo de chanchos para capturarme. Digo esto, porque más que ayudarme a ver si de verdad tenía o no vocación a la "obra de Dios", fui atraído como imán al reunir todas las características necesarias para atraparme: familia bien constituida, del opus por supuesto; buen tipo, buen estudiante, posición económica estable, entre otras... Me dijeron que yo tenía vocación porque el director del centro que frecuentaba, contaba con una "gracia de estado" especial enviada por Dios, y él, el director, veía que tenía vocación. Me dijeron que no podía voltearle la cara a Dios. Claro a esa edad te dicen algo asi y es lógico que te ponen en un conflicto interno. Todo esto sumado a que me hablaban de que todos vivían muy felices y que se viajaba mucho. Me bombardearon con la idea de que todos los que iban por el centro irían a final de ese año a Guatemala al famoso "curso anual", donde sólo los privilegiados "numerarios" podrían ir. Tenía que apurarme para poder viajar con todos... Eso fue lo que verdaderamente me impulsó a tomar la decisión de escribir la carta de admisión al opus. De ahí en adelante empezaría mi martirio; uno más en la lista de los que no sabían a que se estaban por enfrentar.
Mi relato llega hasta aquí, bueno por ahora, porque lo que quiero hacer ver y llegar a ustedes es mi inconformidad y mi total negativa en la forma de reclutar a niños y adolescentes en algo muy serio como lo es el OPUS DEI. El derecho canónico de la Iglesia Católica deja muy claro que ningún menor de edad pueda formar parte de algún grupo religioso. No es sino hasta alcanzar los 18 años, edad en la que se puede tener mayor lucidez, conciencia y voluntad propia para integrarse a la vida religiosa en ejercicio. Y me pregunto: ¿ Cuál será la razón por la cual el Opus Dei no cumple con esta disposición de la Iglesia? ¿ Será que al no tener que rendirle cuentas al obispo de la diócesis del lugar hacen los que les viene en gana? Claro ya es bien conocida por todos o la mayoría de los lectores de esta página, las tangentes empleadas por el opus para esquivar mis argumentos. Nos dicen: -Que a los 14 1/2 son aspirante y no numerarios (aspirantes: niños y jóvenes que piden la admisión al opus entre 14 a 18 años). Sin embargo los que pasamos por eso sabemos a ciencia cierta que no hay ninguna diferencia. De hecho, a los aspirantes se les exije una vida de adultos y se les dan atribuciones de adultos, tales como propiciar una separación con sus familias de sangre. Se da un divorcio de criterios entre el pensamiento del niño-jóven con el de las familias que no pertenecen al opus, claro imperando siempre el criterio Opus Dei. Pueden creer lo peligroso del asunto; la obra le pasa por encima a la autoridad familiar.
Para el opus es muy fácil utilizar a los muchachitos aspirantes para hacer proselitismo y conseguir por su medio más "vocaciones". Que paradoja, "legalmente" los aspirantes no pertenecen al opus pero en la práctica no es así, pues son ellos, los aspirantes, quienes de una u otra forma dan sustento a las labores de los numerarios. Pero a todo esto, las familias de estos chicos no saben de las oblicaciones contraídas por sus hijos. Me acuerdo y muy a mi pesar, siendo yo aspirante que el director del centro que frecuentaba me dio la misión de "tratar" a otra persona igual de niño que yo. Bueno todavía un año menor. Su familia NO estaba de acuerdo que su hijo vistase las labores del opus. Me imagino que tenían mayor conciencia y apreciación de los objetivos que el opus buscaba. Pues bueno de igual forma me dispuse a acercarme a este muchacho para hacerme amigo, a veces me sentía hipócrita, pues no me salía del corazón sino era algo encomendado por el director del club. Conforme iba alcanzando mi meta ( hacer que pidiera la admisión ) él, mi disque amigo, me comentó que sus padres no lo dejarían ir más por el club. Cuando le comenté al director lo sucedido, me quedé verdaderamente impresionado por su respuesta, la cual no la escribo textual pues ha pasado tiempo de esto pero va muy pegado a lo que me dijo: ..."decile que Dios le pide pruebas que sus padres no entienden. Que si es preciso les mienta diciéndoles que va para la casa de algún amigo y te lo traes al centro. Dios da las gracias necesarias pero hay que ser buenos intrumentos." En ese momento me señaló un adornito que tenía en su escritorio, que por cierto lo había visto en varias partes de la casa del Kamuk, y era lo que ponen en los postes de luz donde llegan los cables de electricidad, en realidad era un aislante de electricidad. Y me dijo que eso era para recordarnos que no podíamos ser aislantes de la gracia de Dios. Bajo tales argumentos, seguí sus instrucciones, al estilo Silas en la película El Código Da Vinci, y logré mi meta. Cumplí con la misión, conseguí que ya para ese momento mi amigo pidiera la admisión a la obra. Al poco tiempo a él se le complicó mucho su vida, a los 15 años tuvo que empezar su vida oculta. De alguna forma un trastorno psicológico, pues el juego de una doble vida con sus padres y tener una doble cara no era nada fácil de llevar.A los años siguientes, cuando estaba en mi crisis de salida del opus, mi conciencia no pudo más y justo antes de irme, lo busqué y le dije que me iba, que siempre podría contar conmigo, que no dudara ni un segundo en salirse de la obra si en su interior se daba cuenta de que no era lo suyo. Que si sentía la necesidad de irse del opus no hiciera caso de lo que me había dicho a mi el director. Él me dijo que si me iba del Opus Dei era por mentiroso o porque los 10 mandamientos de la Iglesia me parecían absurdos. También me dijo que si me iba, era muy probable que no me ganara el Cielo y que mi alma se ganaría la condenación, pues mi alma estaba hecha para ser del Opus Dei. Ahora considero todo eso una gran estupidez. Al final le dije que si quería volver a su casa, estaba seguro que sus padres lo entenderían y lo acogerían como al hijo pródigo. Para mi sorpresa un tiempo después lo vi de nuevo verdaderamente feliz: ya estaba también fuera del opus dei.Podría seguir contando más historias, creo que me podría hacerme millonario si Ricardo Arjona me contratara para sus canciones, pero ante todo mi deber es hacer conciencia y gritar si es preciso, que no es justo que niños tengan que pasar por los abusos psicológicos tan grandes a los que muchos fuimos sometidos. Mi tristeza por los que fueron mis amigos que no pudieron salirse a tiempo y aún siguen ahí. Creo que se merecen otra vida. Dios sabe que sí!!!!

SION

viernes, junio 09, 2006

NOTICIAS BREVES

El día martes 6 de junio en el programa "Alto Contraste" de Canal 13 se presentó una entrevista a dos funcionarios del Opus Dei en Costa Rica. El tema central: El Código Da Vinci.
Dos funcionarios de la Oficina de Prensa del Opus Dei en Costa Rica: uno de ellos Joaquín Trigueros León. Moderadores: el Licenciado Alvaro Fernández y el Periodista Camilo Rodríguez.
Muy a mi pesar, debo decir que me desilucionó enormemente este programa: pudo ser un análisis periodístico serio de un "fenómeno" literario, religioso, fílmico...; y se quedó en una especie de "montaje" pro Opus Dei... Totalmente "sesgado"
El señor Fernández es Cooperador del Opus Dei, por lo que no es de extrañar su intención y prácticamente su casi nulo cuestionamiento; y Camilo Rodríguez - por que el mismo así lo comentó - es sobrino de un sacerdote tico del Opus Dei... por lo que se limitó a unos brevísimos comentarios de lo que se "dice" en la calle.
Una llamada de atención a estos dos profesionales...
POST DATA: El señor Trigueros dice que en Costa Rica hay 400 miembros del Opus Dei; de los cuales el 25% son numerarios y numerarias. Es decir 100 personas entre hombres y mujeres con celibato apostólico. Este número es FALSO.

martes, junio 06, 2006

MI EXPERIENCIA COMO HIJO DE SUPERNUMERARIA DEL OPUS

La palabra “opus” la he escuchado desde que tengo memoria. Crecí viendo a la figura del “padre” como un gran santo, si bien aún ni se le beatificaba, ni mucho menos se le canonizaba (de hecho, hasta fui a la misa que con motivo de su muerte se celebró en su memoria en 1975); no obstante, en mi casa su presencia se sintió de mil maneras, desde las clásicas expresiones opuseístas como “encomendar” hasta su famosísima “foto de estudio” decorada con todo y aureola, visible en algún lugar de la casa. Y por supuesto, la imagen de la virgen en todas y cada una de las habitaciones, la bendición de los alimentos durante las comidas, el angelus al mediodía, y de ser posible, la visita al santísimo… y el santo rosario. Sólo nos faltó rezar las preces, y a la hora de levantarnos besar el suelo y decir ¡Serviam!-, previo a que transcurrieran los sesenta segundos del “minuto heroico”.

A mis hermanos y a mi se nos “adoctrinó” muy bien desde pequeños. Mi madre se encargó de transmitirnos a todos la doctrina opus como la única fuente correcta de doctrina católica que debíamos recibir. Este fue un trabajo que hizo ella sola, pues mi padre –quien nunca fue miembro (¡gracias a Dios!)- le delegó dichas funciones. Y ella lo hizo “tan bien”, que le pitamos dos de sus hijos.

Desde muy pequeños ella nos llevó a mis hermanos y a mí al Club Kamuk –en San José de Costa Rica- (y a las mujeres, al Club Yokó). No obstante, siempre tuvo que soportar los reclamos que le poníamos alegando nuestro derecho a no ir al Club, mas nunca nos hizo caso e igual nos llevó, gustásenos o no (¡qué mala filosofía!, ¿no creen? – supongo que lo hacía por instrucciones de su directora). No obstante, ya estando uno ahí no se pasaba tan mal. El Club tenía lo suyo. Había cursos de fotografía, de cohetes, de montañismo, y además por las tardes (después del Círculo, por supuesto) se armaba un partido de fútbol con otro montón de chiquillos, muchos de ellos, hijos de supernumerarios/as que también asistían a los cursos de “formación” semanales, y con quienes también jugábamos “juegos de hombres” como “Madre” y “Spyro”. En fin, no se pasaba tan mal. Lo que costaba era “dar el paso”… e ir (aparte de que llevarle la contraria a mi madre era parte del encanto).

En el Club había algunos muchachos, mayores que nosotros, que se vestían muy raro. Siempre andaban con la camisa abotonada hasta casi arriba (parecía que se iban a ahorcar), con dos o tres lapiceros en el bolsillo, usaban pantalones de vestir en vez de jeans, y los usaban más cortos de lo normal. Se les veía “diferente”; eran lo que hoy día llamaríamos “nerds”. No obstante, eran simpáticos –nerds- pero simpáticos. Eran los “numerarios”. Estos muchachos siempre trataban de acercársenos, aunque ni su atuendo ni su forma de hablar eran un buen anzuelo. No iban a la moda, y además hablaban raro, utilizaban terminologías y modismos verbales que chicos de nuestra edad jamás usábamos, lo cual automáticamente los convertía en “raros”. Jamás lanzaban chistes pasados de tono, y si alguien contaba uno, inmediatamente se escuchaba un barullo generalizado mediante el que se le enviaba un mensaje especial al “narrador” de que ese tipo de chiste no era aceptable en el Club.

Por otra parte, el tema de la pureza siempre estaba a la orden del día. Y obviamente, allí no había mujeres, lo cual hacía todo aún más raro, pues muchos de los que asistíamos estudiábamos en escuelas o colegios mixtos, y la ausencia de mujeres se nos hacía algo extraña. Y, por supuesto, ese “faltante” hacía que fuese menos interesante ir al Club. No obstante, mis hermanos y yo asistimos al Kamuk con asiduidad durante nuestros años de infancia.

Ya luego, durante la adolescencia, a mi madre se le hizo más difícil manejar a sus hijos varones, y aunque nos seguía llevando (siempre a nuestro disgusto), ya nosotros podíamos “escaparnos” (pues ya teníamos “bicis”) e irnos a casa de algún amigo o amiga de por ahí, o simplemente regresarnos a nuestra casa o a la de alguno de nuestros primos.

No obstante, aunque no quisiéramos ir o nos escapáramos de los “medios de formación” del Club, ya las enseñanzas que allí nos habían inculcado y las que mi madre se había empeñado en transmitirnos, habían calado hondo en nuestras mentes. Ya para ese entonces, como hijos de supernumerarios, teníamos mucha mejor doctrina que cualquier hijo/a de “cristiano corriente”. Ya formábamos parte de la “élite de la santa intransigencia”. Recuerdo con apenas 15 ó 16 años haber discutido con mi profesor de religión del Colegio sobre temas de fe y de moral con mucho mejor criterio que el de cualquiera de mis compañeros y compañeras, y hasta quizás del suyo propio. Y peor que esto, recuerdo perfectamente como ya desde ese entonces podía hacer claros distingos entre gente con “buena” o “mala” formación, y a aquellos encasillados como los de “mala”, había que tenerles lástima y rezar por ellos, pues “no eran tan afortunados como nosotros”, los de “la élite”.

En varias ocasiones acompañé a mi madre a dejar o a recoger a mis hermanas y primas al Club Yokó, y recuerdo siempre haber querido entrar para ver qué había allí adentro. Como era prohibido que un hombre entrara, siempre tuve un cierto morbo por cruzar el “sanctum sanctuorum”. Y alguna vez lo hice, ayudándole a mi madre a llevar un queque o algún bolso pesado, y recuerdo haber siempre visto un montón de niñas -quienes asistían a clases de cocina o de manualidades-, y quienes apenas me veían se callaban y se sorprendían porque allí había un hombre, como si fuese algo malo, o prohibido, algo inusual …, así que inmediatamente tras cumplir mi encargo salía y me metía al carro a esperar a que mi madre terminara de hacer lo que tuviera que hacer y regresara, para irnos. Era muy desconcertante esa sensación, pues por una parte, siempre que hablaba con mujeres (hermanas, primas o compañeras de escuela o colegio) lo hacía normalmente, sin ninguna clase de morbo, pero con las del Yokó jamás, pues había que guardar la distancia. ¡Era tan raro…!

Todo ese tipo de situaciones extrañas eran las que hacían muy poco apetecible querer ir al Kamuk, o en el caso de ellas, al Yokó. Todo era muy raro. Y por eso, entre más grandes nos hacíamos, menos agradable nos resultaba la idea de querer ir por allí. Además, ya las reuniones o fiestas donde amigas competían –y le ganaban- al Kamuk. Y mi madre perdió la batalla. No obstante, seguía inyectándonos su doctrina cada vez que podía, aunque fuese a nuestro disgusto. ¡Bastante empeñada la señora, eso no se lo podemos negar! Claro, hoy día entiendo que lo hacía siguiendo claras directrices de su Directora (¡obvvviamente!).

Esas conversaciones que tenía con nosotros sobre temas de fe y de moral las hacía en forma individual. Nunca nos habló a todos juntos; de así haber sido, hubiésemos sido todos contra ella, lo cual no era su idea, por lo que prefería hacerlo individualmente, con cada uno en el momento que ella consideraba más oportuno. Era como asistir a la “dirección espiritual”, pero con la mamá. Ella nos hablaba sobre un tema en particular, o simplemente nos pedía que la acompañásemos mientras hacía su “lectura” -la que por supuesto hacía en voz alta, y claro- duraba más de los 15 minutos reglamentarios. ¡Tenía qué aprovechar! Y después, si encontraba “buen ambiente” y no nos le escapábamos al televisor o a jugar con los amigos del barrio, conversábamos o discutíamos un poco más sobre el tema de la lectura o bien sobre algún otro tema en particular. El de la “pureza” era inevitable: nunca faltaba (y era muy incómodo hablar de esas cosas con ella…).

No es de extrañar que ese excelente “arado de tierra” preparado por ella durante nuestra juventud “rindiese sus frutos” en algunos de sus hijos. Yo, le pité y otro más lo hizo, y los demás igualmente chuparon y nutrieron la doctrina opus, y todos la hicimos parte de nuestras vidas. Se cumplió muy bien la intención del fundador de tener su “semillero de vocaciones” entre los hijos de supernumerarios/as. Funcionó. (Y funciona).

En mi caso nadie tuvo que “trabajarme” mucho. Yo pité solito cuando tenía 21 años. Así que le atribuyo la labor “de apostolado de amistad y confidencia” a mi madre y no a ninguno de los numerarios que me cayeron encima como buitres cuando –muchos años después- acepté una invitación a un curso de orientación profesional ya no en el Kamuk, sino ahora, en el “club” de los “grandes”… el Centro Estudiantil Miravalles, que fue donde pité apenas dos años después de haber puesto un pie en el lugar (después de toda una adolescencia relativamente alejada del opus). Por eso –insisto- no le atribuyo mi “vocación” a ninguno de los numerarios de ahí, sino a mi madre, pues gracias a su empeño y dedicación, y a sus mil y un intentos –aún a nuestro disgusto- y con su lema de “persevera y vencerás”, logró que dos de sus hijos pidiésemos la admisión. Y ahí continuó, profundizó y ahondó el “opus-coco-wash”.

Es esa la forma como trabajan en el opus. Arando terreno con los hijos e hijas de supernumerarios. Y hoy en día el trabajo se les hace aún más fácil, pues –aparte del trabajo constante que hacen los padres, hoy cuentan con las escuelas del opus, que no existían en aquel entonces. Hoy día, los hijos de supernumerarios la tienen aún más difícil, pues aparte de que nutren opus desde el vientre, no tienen escapatoria, pues tienen que asistir además a las escuelas del opus, y de seguro (“al que no quiere caldo, dos tazas”), ir con regularidad también a los clubes. En otras palabras, desayunan, meriendan, almuerzan y cenan opus (por lo que no es de extrañar las diarreas mentales que más de uno puede llegar a tener).

Mientras un hijo/a de supernumerario/a esté ligado a “la Matriz” del opus, y por ende esté de acuerdo –o al menos no en contra- con las enseñanzas del opus en materia de doctrina, fe y de moral, la relación que lleve con sus padres le será fácil. Pero si alguno se atreve a tener “criterio propio” y a discutir, cuestionar, o lo que es peor, oponerse y/o juzgar la doctrina de Escrivá, automáticamente la relación con sus padres se le pondrá difícil. Pasará de ser el hijo bueno y amoroso, a ser el hijo problemático, el hijo rebelde (“la oveja negra de la familia”).

El condicionamiento intelectual del adoctrinamiento es tan fuerte, que le es muy difícil a los padres poder comunicarse con este hijo/a que no piensa como ellos. Y –como es de esperar- si la comunicación con sus padres no es buena, este hijo/a se rebelará contra ellos, y allí comenzarán los problemas. Esta rebelión (que no es ni más ni menos que un reclamo del hijo/a pidiendo que se le acepte y se le quiera tal como es, y no como se espera que sea) puede llevar a situaciones muy poco deseadas tanto para él como para ellos. Y –desgraciadamente- estas situaciones giran como un círculo vicioso: entre más se opone el hijo, más fuerte es la contrafuerza que le hacen sus padres de no complacer “los caprichos” del rebelde (del malcriado). Y dependiendo de la gravedad del tema, la lucha puede incluso llegar hasta a convertirse en un reto o un duelo, en el que la incomprensión de los unos, puede llegar hasta la descompensación emocional (y/o psíquica) del otro/a.

Y este círculo vicioso proviene –en gran parte- de la incapacidad que tienen los padres (“incapacidad” impuesta por sus mismos directores) de no poder aceptar las ideas de sus hijos y por ende de no poder ceder (“no deben ceder”, les insisten e instruyen sus directores, y se les recuerda muy enfáticamente que deben mantenerse firmes en su posición, pues de lo contrario estarían “poniendo en peligro el alma –la salvación- de su hijo/a” –y/o- ¡la suya propia!), y si la situación no llegase a resolverse y el “pulso” continuase entre ambas partes hasta llegar casi al absurdo-, su posición como “hijos de Dios y como miembros del Opus Dei” debe ser la de escoger por “la Fe” antes que por sus propios hijos, siendo que la razón de su existencia –o sea, su vocación al opus dei- es la de “salvar almas”, función que está aún por encima que la de “ser padres”. Esto no es ni más ni menos que la repetición del mismísimo “sacrificio de Abraham”.

Y es que probablemente los padres piensan que el hijo tarde o temprano tendrá que recapacitar y dejar de pelear o discutir, pues consideran que lo que “el malcriado” discute hoy no es más que un simple “capricho de adolescente”, y que hoy día está haciendo rabietas por una simple idea o una creencia, al igual que años atrás lo hacía por un juguete. No obstante, el problema se genera cuando esta idea o creencia es parte firme de la forma de ser del hijo, y sus padres no lo pueden entender (ni nunca lo harán en tanto sigan conectados a “La matriz”).

Y mientras ellos consideran que el problema no es más que un capricho y una testarudez del hijo y que tarde o temprano “se le pasará”, éste más bien se adentrará y adentrará en una depresión de la que difícilmente podrá salir –causada por el rechazo de sus padres- que muy probablemente le marcará y dejará profundas huellas. (Piénsese en los casos de: a) el hijo/a que no acepta la posibilidad de no poder concebir “tradicionalmente” y desea recurrir a la “fertilización in vitro”; b) el hijo/a cuyo matrimonio fracasó por culpa del otro cónyuge y desea rehacer su vida con alguien más; c) el caso del hijo/a cuya orientación sexual le ha llevado a enamorarse de una persona de su mismo sexo; d) el caso del hijo/a que no desea concebir al hijo que por error concibió). Cualquiera de estas situaciones será “rechazada ad portas” por sus padres, cuando los hijos busquen su comprensión y su apoyo, y serán inamovibles en sus tesis, independientemente de que sea la felicidad de su hijo la que esté en juego, o de la buena relación que con ellos haya tenido hasta la fecha. Todo lo construido hasta entonces, se caerá como un castillo de naipes.

Y a estos extremos llega la manipulación de las conciencias que los directores numerarios inculcan en las conciencias de los padres de familia supernumerarios/as en su dirección espiritual semanal, sin importarles un bledo el dolor emocional que tanto los padres como los hijos pueden sufrir durante esta fuertísima y moralmente violentísima batalla campal, en la que –normalmente- la parte perdidosa resulta ser el hijo o la hija rebelde, quien termina por renunciar a su reclamo de amor y de atención, y a pensar –equivocadamente o no- que simplemente sus padres “no le quieren”, o que el amor incondicional que creyó tener en ellos, no ha sido más que una farsa. Y este hijo/a rebelde termina o en problemas de drogas o de alcohol (que no es ni más ni menos que su insistencia reclamando amor y atención, acompañado ahora de una clarísima venganza, de la que él mismo será su auto-víctima), o en trastornos psico-mentales como la anorexia o la bulimia, o bien desarrollando una sexualidad desenfrenada e irresponsable, en la que termina embarazando a una adolescente –o siendo más bien ella la embarazada-, o peor aún, una víctima más del virus de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), o –en el peor de los casos- simplemente quitándose la vida, toda vez que “dejar de vivir” es la forma más sencilla de “dejar de sufrir”. Pero estas posibilidades sus padres jamás las han analizado, y mucho menos previsto. Y cuando suceden, en caso de que sucedan, simplemente las justificarán como un acto del “demonio” que se apoderó de su hijo/a por haberse separado éste/a tanto de Dios y de la iglesia (y del opus, por supuesto). Esta explicación es más fácil de tragar que simplemente aceptar su incapacidad para tolerar ideas o actos a los que ellos –por su ceguera mental- estuvieron absolutamente imposibilitados de aceptar.

Y esta es la realidad de muchos de los hijos de familia de supernumerarios/as del opus dei (y no la de aquella propaganda barata de ser hijos de “familias numerosas y alegres”). Muchos de los hijos se convierten en profesionales exitosos, tienen sus propias familias y le inculcan a sus hijos las mismas creencias que recibieron de sus padres, o bien, “transan al opus” simplemente por complacer a sus padres. Pero la carga más fuerte la lleva el hijo rebelde, aquél que “osó” oponérsele a la “santa intransigencia”, aquél que no quiso ser parte del rebaño y optó por “desconectarse de la matriz” y tener su propio criterio y sus propias creencias, aquél que simplemente no quiso tragarse el cuento y no aceptó la fuerza impositiva de la “santa coacción”. Este hijo o hija, dependiendo de la edad que tenga y de su propio nivel de autoestima, podrá salir adelante en su vida y llegar a aceptar que sus padres no fueron más que dos seres humanos llenos de limitaciones, la mayoría de ellos impuestas por una institución que creyó que su filosofía era la única capaz de proclamar la ciega y santa verdad, y la única –por gracia divina- transmisora de las enseñanzas del mismísimo Jesucristo.

Pero no siempre este hijo/a tiene esta suerte. Y hay muchos casos en Costa Rica, y en todo el mundo, de estos hijos rebeldes, quienes siendo hoy día adultos, siguen sufriendo el abandono y el apoyo moral de sus padres supernumerarios, que simplemente “no pueden” cambiar su manera de pensar, porque eso implicaría traicionar a Dios, y ellos, como “soldados de Jesucristo” que son, llamados por Dios a ser la “sal de la tierra y luz del mundo”, no pueden “transigir ante el error”, no pudiendo siquiera encender la luz de sus propios hogares. ¡Qué ironía! Y se atreven a profesar que “la caridad comienza por casa”.

Es una situación muy confusa. Por una parte, aman a sus hijos con todo su corazón, y probablemente al rebelde más que a ninguno, porque es “el hijo problema”, pero no pueden hacer lo que él quiere. Y éste, siendo ya un adulto con graves problemas emocionales, muy probablemente no podrá “triunfar” en su matrimonio, pues aunque desde pequeño escuchó hasta memorizar aquello de “siembra amor, donde no hay amor y hallarás amor”, no podrá ponerlo jamás en práctica, pues el único amor incondicional que creyó conocer de pequeño, resultó no serlo. Sus padres eligieron a Dios, y le negaron a él. Así que, si los dos únicos seres del planeta que se suponía debían amarlo incondicionalmente, no pudieron hacerlo, ¿quién podrá? De seguro será un hombre o una mujer discapacitado/a para amar o para recibir amor, salvo que la vida le lleve por caminos menos duros y tope con la suerte de encontrarse en el camino con un ángel que le enseñe a amar, o de que durante su vida haya desarrollado –y permeado- una manera de pensar y de sentir ajena a la que recibió de pequeño. Pero esto último le será muy difícil, pues por haber nutrido la doctrina opus desde muy joven, muy probablemente este hijo/a será siempre una persona emocionalmente perturbada. Y todo, gracias a la “santa intransigencia”.

Ser hijo de supernumerario/a tiene sus cosas buenas, pero también tiene otras no tan buenas. Para un hijo de supernumerario/a, sus padres nunca serán “padres normales”, y si él se rebela, no sabe lo que le espera. Es muy posible que crea que como padres, el amor por él/ella derribará montañas y que cualquier cosa que haga, será aceptado por ellos. Pero no es así. Los hijos de padres supernumerarios no tienen padres normales, pues sus padres no actúan por si mismos, no piensan por si mismos, sino que son marionetas de la doctrina opuseística. Sus padres están conectados a una red, a “La Matriz” del Opus, y por ende, en materia de doctrina, de fe y de moral nunca podrán pensar por si mismos. Así que aquel hijo o hija de supernumerarios del opus dei que tenga criterio propio y esté de acuerdo con el aborto, el divorcio, los anticonceptivos o la homosexualidad, nunca podrá discutir estos temas en familia sin entrar en una fuerte discusión, en la que aparte de reprendido, será juzgado, pues sus padres en vez de ser simplemente padres, son –antes que eso- “censores morales”. Y ya con sólo esto habrá una distancia muy grande entre ambos, y quizás la mejor de las decisiones será no tratar estos temas con ellos, a fin de evitarse o evitarles problemas o disgustos innecesarios. Tener padres del opus dei y ser “hijo rebelde”, es igual a tener padres robotizados, y a ser hijo actor o hija actriz. Si se quieren llevar bien, que cada quien “actúe” de la mejor manera posible para evitarle un disgusto al otro, o bien téngalo, pero no espere tener armonía si quiere ser él/ella mismo/a. Ese es el precio de desconectarse de La Matriz. Y puede ser que las famosas “familias numerosas y alegres” del opus dei sí existan, en tanto todos y cada uno de sus miembros estén fielmente conectados a La Matriz, pero si uno de ellos se desconecta, seguirán siendo numerosas, pero no alegres. Así de sencillo. Amén.

Fiko

SER AGREGADO; ¿BENDICION O MALDICION?


En el Opus Dei hay tres tipos de miembros: numerarios, supernumerarios y .... agregados.
Dado que se han publicado varios comentarios acerca de los supernumerarios, quiero aportar algo acerca de los poco conocidos miembros agregados del Opus Dei.

Bueno, antes que nada debo aclarar que era agregado: "¿Qué sos vos?" La gente le preguntaba a uno: ¿numerario o supernumerario? Y ante la respuesta de “agregado”; la expresión primera era: “¿y eso, qué es?”.

Quiero contar mi experiencia como miembro agregado del Opus Dei. Yo si sé qué es ser agregado – manda la parada si no, luego de 20 años – pienso que lo viví (con altos y bajos) durante ese tiempo y al rato, era uno de esos tipos que los directores ponían de “ejemplo” para “explicar” a un chico de San Rafael (un posible candidato a ser admitido dentro de la organización) en el proceso de dar a conocer quienes y qué eran los miembros del Opus Dei.

Yo pité de agregado, porque así lo pedí – mi madre había quedado viuda años atrás; mi hermana quedó huérfana con un par de añitos nada más; y mi hermano mayor estaba estudiando en la Universidad, al igual que yo, una carrera técnica – y bueno, a mis 18 años pedí la Admisión. ¿Coaccionado? No. ¿Que me gustó? Sí; ya había conocido el club Juvenil años antes y el trato humano junto con las tertulias después de la meditación de los sábados, etc., me gustaban demasiado... de hecho todo está puesto de esa manera para hacerte atractivo el lugar y el ambiente.

Todo era muy bueno, la supuesta vocación, las charlas, las meditaciones, etc. En realidad no me quejo de esos primeros meses; pues el trato - por ser una vocación reciente - era muy atento.

Bueno y yo me sentía “bendecido” por ser agregado; vivir con los seres que más quería en mi vida, siendo a la vez un “elegido de Dios”… no sentí ninguna presión por continuar estudiando la carrera universitaria que yo había escogido; qué bien!

Admiraba a los numerarios, pues los consideraba tipos muy valientes que dejaban todo – su casa paterna, su familia, etc. – pero bueno, Dios me había dado la "vocación" como miembro agregado… ¡Qué bendición!

Pero en fin no todo es color de rosa en la vida.

Un pequeño paréntesis; me dieron de encargo material – por aquello de estar estudiando ingeniería civil – la supervisión de los últimos detalles en el montaje de la nueva sede de la residencia de estudiantes. Por tanto conocía a la perfección todos los aposentos de la nueva casa; sabía dónde estaba la zona de “invitados” (algunos le llamaban la "isla de la fantasía"); las puertas dobles y/o con doble cerradura para la zona de la administración (centro de mujeres); las habitaciones con baño privado para los directores, los jefes de ala en la zona de residencia, etc.

Más de una vez – por razones lógica y estrictamente necesarias, cómo ir a revisar el cuarto de calderas o el sistema de bombeo; pues era totalmente prohibido el contacto con las mujeres – tuve la oportunidad de entrar a la zona (ya en funcionamiento) de lo que sería la Administración del nuevo centro; pobres muchachas: me las imagino “corriendo” para que no me vieran. Debo reconocer que los arquitectos de la obra son unos genios o más bien, que las circunstancias hacen que lo sean; qué cantidad de pasillos, espacios aparentemente innecesarios, escaleras, túneles, etc., se requieren para que las muchachas de la administración lleguen a la zona de residentes varones. Me las imagino como “ratas” caminando entre paredes – escondidas, cargando los baldes (¡¡cómo sonaban!!, aún me acuerdo). Conocía todos los detalles para que no hubiera “vistas” entre la residencia de varones y la Administración; se me hizo no extraño notar ventanas con vidrieras traslúcidas en lugares dónde se ocupaba más iluminación natural; también aquellos muros extremadamente altos; etc.; etc.

Regresando al tema, de que no todo en la vida es color de rosa; siempre – lo repito, siempre – notaba las “diferencias materiales” entre haber sido agregado y no numerario. Detalles como – a la espera de entrar al almuerzo con los residentes los fines de semana – ver salir a los Numerarios de la zona de invitados (ojo que la conocía bien); obviamente con saco y corbata y “olerosos” a alguna bebida espirituosa. Yo me “consolaba” pensando que se lo merecían por ser numerarios. Lo cierto es que yo me quedaba con las ganas, mientras le hacía buena cara a mi director cuando me daba una palmadita en la espalda. Así a “ojo de buen cubero” diría que la cantidad de “aperitivos” que disfrutábamos los agregados con respecto a los numerarios era de un 10%. No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la primera!

Ni qué decir de las comodidades – ojo que la mortificación y la templanza es otro tema – de los lugares que los agregados teníamos que ir para hacer nuestro retiro o convivencia anual. A mi es que no me importaba tener que soportar aquellos calores de un casco de finca en una zona rural calientísima o la humedad y el frío de otra zona en la montaña; ni tampoco dormir en “catres” que sonaban y mucho menos ortopédicos; tampoco me causaba el menor reparo ver a las señoras del pueblo vecino que nos preparaban las comidas. Pero bueno, los numerarios mientras tanto – se lo merecían, pensaba yo – con su comedor bien servido por la Administración, sus cuartos individuales y buena cama ortopédica, su chimenea y Oratorio de planta. Y para que no se diga que no soy justo y de nuevo a “ojo de buen cubero”; de las veintitantas convivencias e igual de retiros anuales que hice en mi estancia en el Opus Dei, las últimas 5 casas de convivencias fueron buenas. En todo caso, siempre había la incertidumbre de dónde y cómo sería la casa de esta vez. No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la segunda!

Todo está escrito en la Obra; todo está estipulado. Ah, pero que duro es cuando tu hermano te pide que seas el padrino de bautizo de su primer hijo y le tengas que decir que no. Y me lo dijo a mí, que supuestamente iba a vivir en la casa de mis padres toda la vida y al “buen católico” el mejor candidato a padrino. No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la tercera!

No se qué será peor para una madre - ya les conté que mi padre había fallecido – que su hijo sea un miembro numerario o un agregado del Opus Dei. No me refiero aquí a que sea feliz o no por haber dado a luz a un "elegido" de Dios; sino al hecho de que vivas o no vivas en la casa. Lo cierto es que yo me convertí como en un “huésped” de una de esas pensiones, dónde llegaba uno prácticamente sólo a dormir. De ordinario a una hora algo tarde como para llegar a hacer tertulia con la gente. No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la cuarta!

En Costa Rica y en mi casa se acostumbra regalar cosas para las fechas importantes – cualquier cosa, nada complicado – una muestra de cariño en el día de las madres, en Navidad o en el cumpleaños. Ah pero no, ¡no se podía! Y bueno, a soportar el mal momento, cuando todos – en Navidad por ejemplo – se intercambian regalos y tú nada más recibes; pero no das. Los numerarios de ordinario no están en la Fiesta de Navidad de sus padres; ¡que conveniente, no! No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la quinta!

Las transiciones, benditas transiciones. Me tocó vivir prácticamente todos mis 20 años en el Opus Dei en la condición de que no éramos el número suficiente de agregados – claro, las deserciones eran muchas - como para tener nuestro propio centro; y por tanto, estábamos “adscritos” a un centro de numerarios. Me sentí siempre así, como “agregado” al centro. Estoy convencido de que fuimos muchas veces “ratas de laboratorio”; de un lado para otro, con un director asignado que a veces ni siquiera era del centro donde estábamos adscritos. Todo era “a la carrera”; éramos el “encargo apostólico” de alguien. No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la sexta!

Pero bueno, al fin llegó el momento de “dar el salto”; por primera vez alquilaríamos una casa para montar el primer centro de agregados. ¡Qué ilusión la de todos! Una buena casa en una zona muy céntrica de la capital; yo recibí el encargo del montaje del centro. Obviamente lo primero sería el Oratorio y bueno, diseñé varios esquemas para exponerlos a la delegación. Me acuerdo que dentro de mis ingenuidades propuse colocar un “busto” - en aquel entonces beato – de Josemaría Escrivá de Balaguer como parte del retablo del Oratorio, cuya advocación principal sería la virgen de Guadalupe; según me dijeron, esta estatuilla había que pedirla directamente a Roma. La respuesta fue un rotundo “no” aduciendo que ese tipo detalle era muy especial para ponerlo en “este centro”; es decir, este centro de agregados no se lo merecía. ¡Qué frenazo me dieron! No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la sétima!
En fin, las instalaciones del centro se montaron de la mejor manera posible, nada lujosa ni ostentosa, más bien muy sobriamente logrado – siempre el dinero faltaba y los apuros a fin de mes eran comunes para conseguir lo del pago del alquiler – y empezamos una nueva etapa. Pensaba que las cosas iban a mejorar, en cuanto a la dedicación de tiempo por parte de los numerarios que nos asignaron, pero la realidad es que – a excepción de uno y del sacerdote – la realidad fue que de nuevo se notaba que las cosas eran siempre igual: “todo a la carrera”; el director llegaba, a recibir la charla fraterna de los del centro, a dar el círculo breve, la tertulia cronometrada y fuera. Hago la aclaración de que el problema no eran los pobres dos numerarios (tenían que llegar temprano a cenar a su centro) que les asignaron ese encargo apostólico; sino más bien el sistema que no daba a vasto y disminuía la importancia de dedicar tiempo a un grupo de personas. Lo cierto es que yo me sentía – lo “ofrecía” siempre – poco atendido, poco importante y la idea madre de que “éramos familia”, en la práctica, no era patente. No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la octava!

Y dentro de ese experimentar con nosotros – ay Dios mío, pobres ratones de laboratorio – iban y venían las “iniciativas” del “encargado de turno”; se me olvidaba decirles que el centro originalmente atendía a un grupo de supernumerarios y que a nosotros los agregados nos lo “cedieron” y pasamos a ser los “principales”. O sea los pobres supernumerarios se sintieron “desalojados”. Ni les cuento las cosas que tenía que decirles a los supernumerarios, a los que yo le recibía su charla fraterna, para consolarlos y que no se sintieran mal. No todo es color de rosa en la vida. ¡Va la novena!

Así podría seguir relatando más “anécdotas” de color NO rosa, pero no quiero cansarles con tanta cosa; pienso que lo que he escrito es una realidad aún en Costa Rica y en el centro – por cierto, la mencionada casa fue “desmantelada”, “desaparecida” luego de que yo fui expulsado de la obra; me imagino porque habían muchas cosas “materiales”, que les recordarían a mis hermanos agregados acerca de mi – y que deberían cambiar.

Termino diciendo que, aunque mucha gente piensa que ser agregado es la figura más parecida a como debe ser un miembro del Opus Dei – laico que se santifica en medio del mundo, de su labor profesional, etc. – lo cierto es que el Opus Dei los descuida y los trata literalmente como “agregados”, “anexos”, “secundarios”. Y eso termina por desanimar al más plantado ...