
Históricamente el Opus Dei se establece en un determinado país, con una o dos parejas de supernumerarios que - cual colonos de aquellas películas de vaqueros de la televisión – se instalaban en una región y empezaban a hacer la labor. Son las familias “renombradas”, por su colaboración y empeño, que hay en toda región donde se ha establecido el Opus Dei.
Estos “abrían” camino – y luego, con las visitas semanales de algún sacerdote y unos numerarios – se empezaban a dar meditaciones, charlas, etc.
Durante esos años de la labor, había un énfasis en conseguir vocaciones autóctonas de numerarios y que sirvieran de base para la futura labor. Siempre hay un predominio de búsqueda numérica de numerarios y agregados al inicio; y paralelamente los supernumerarios vendrán apareciendo después.
Así cuando ya hay un mínimo de personal – de numerarios y agregados – se enfilan las baterías hacia la educación y más concretamente a fundar colegios; donde en palabras internas del Opus Dei, el orden de importancia es - en primer lugar - los padres de familia, luego los profesores y por último los alumnos.
Y dentro de esos padres de familia, obviamente - casi por “obligación moral” - aquellos primeros supernumerarios de una determinada región deben estar involucrados al 100%. Los colegios del Opus Dei los deben sacar los supernumerarios, apoyados por los numerarios y sacerdotes. Esa dedicación del 100% de los supernumerarios implica aportar su tiempo, un esfuerzo económico enorme y por añadidura: los HIJOS.
La aceptación:
Y esa es la escena típica actual del Opus Dei en donde la labor está avanzada o consolidada: un semillero de vocaciones a través de los colegios. Había una especie de chiste que se oía en mis tiempos: “ese niño tiene una N en la frente”… “¿cómo una N en la frente?”…. “sí, una N de Numerario”…
A lo largo de los años de mi permanencia en el Opus Dei – y sin haber participado directamente en la labor de los colegios – puedo decir que el nivel educativo alcanzado es muy alto – buenos profesores, plan de estudios exigente, primeros lugares en los exámenes de la universidad, altos reconocimientos en Olimpiadas de matemáticas, etc.…
A lo interno de los colegiales, sabemos que hay una presión muy fuerte; por medio de las preceptorías, de los eventos religiosos como misas diarias, procesiones, confesiones, etc. el alumno está definitivamente evolucionando en el ambiente Opus Dei. En un momento determinado se dio la indicación de que los alumnos del colegio no debían ser “tratados” apostólicamente en el colegio; más bien que había que motivarlos e invitarlos al Club Kamuk para hablarles de temas espirituales y por supuesto de temas de vocación al Opus Dei específicamente… Claro, algún problema de exceso de presión hacia los alumnos, probablemente había sobrepasado lo meramente académico y se vio “conveniente” desligar una cosa de la otra.
Ya una vez involucrados en las actividades del centro y con todas las cualidades “servidas”, como en bandeja de plata, a algunos se les plantea la vocación como numerario, agregado o supernumerario. Repito con cierta tendencia a la búsqueda de numerarios… y bajo la modalidad de “aspirante” (ya ese término ambiguo ha sido objeto de un comentario anterior, por lo que no voy a entrar a detallar su verdadero objetivo).
¿Qué tenemos entonces en un “producto de 14.5 años” – no es mal intencionado el término – obtenido de esta manera?... La respuesta es un adolescente que ha vivido siempre bajo la sombra del Opus Dei… un adolescente que ha sido “nutrido” desde niño con el espíritu y terminologías propias del Opus Dei y en última instancia, ha crecido en una especie de ambiente inmune, esterilizado, y que dice sí a una vocación para entregarse a Dios para toda la vida y según el espíritu del Opus Dei.
En estos casos, muy probablemente – sea que sólo uno o ambos padres de familia sean supernumerarios – hay una “complicidad”, digamos organizada, entre los padres y los directores del Opus Dei por lograr que ese muchacho se incorpore al grupo. Esto es una presión adicional que muchas veces el adolescente siente…y que luego, a los años, reclama: “yo no podía desilusionar a mi madre” dicen algunos… pero lo cierto, es que comenzó la aceptación…
Los años dentro:
A esa edad, con la inocencia a flor de piel, con aquellos bríos de adolescente que quiere “cambiar el mundo” y con un ambiente agradablemente atrayente… TODO es inoculado sutilmente, como en un plano inclinado, y el hombre-niño se va identificando más con la causa para lo cual fue llamado: “Hacer el Opus Dei, siendo tu mismo Opus Dei”.
El día se hace corto para un hombre-niño en el Opus Dei; hay demasiadas cosas por hacer: normas de piedad, encargos, charlas, estudio, deporte, apostolado. Al final del día, al hacer el examen de conciencia, te das cuenta que faltaron muchas cosas por hacer. Y así, un día y otro, y otro.
Los mecanismos internos de la charla fraterna y la confesión con el sacerdote – mínimo una vez a la semana – funcionan perfectamente con su cometido: una “marcación” cuerpo a cuerpo entre el “aspirante” y su director. Adicionalmente, un curso de retiro anual y una convivencia anual para terminar ese proceso de formación.
Y así pasa el tiempo y el niño-hombre – entregado, generoso, etc. – no piensa en nada más que hacer el Opus Dei…. Estos son los años dentro…
El proceso de inoculación del espíritu del Opus Dei no va solo; sino que lleva consigo una serie de cargas que – a esa edad, y en realidad a cualquier persona – hace que las cosas no sean fáciles. Hay “criterios” que ese niño-hombre debe cumplir por el simple hecho de que “para eso te entregaste al Opus Dei”; como por ejemplo: el desprendimiento hacia los padres y hermanos; la selección de tus amigos únicamente si reúnen las condiciones para ser del Opus Dei (el resto de tus amigos, dejan de ser atractivos); la prohibición explícita de asistir a actividades apostólicamente no permitidas (bailes, cine, teatro, etc.); la revisión de la correspondencia privada, por parte de los directores; etc.; etc.
Y lo que empieza a ser cada vez más pesado, es la imposibilidad física de poder argumentar un desacuerdo en dichos criterios. “Eso no se discute”; “así lo quiso El Padre”; “los documentos internos dicen que, ante tal situación, lo que se debe hacer es tal”…
A todo esto, los padres supernumerarios – inmersos en el mismo espíritu – ven a su hijo entregado y hay una especie de síndrome de dependencia; fenómeno que se manifiesta en no aflojar la guardia y no dar mal ejemplo. Lo cierto es que, ya aquí hay un pecado de omisión gravísimo por parte de los padres – aunque sean supernumerarios – que es, precisamente abandonar su responsabilidad de formación, cuidado, atención, consejos de padre, etc. en manos de terceros.
A este nivel ya han pasado varios años – dos o tres años – y ese niño-hombre ha crecido tanto espiritualmente, como corporalmente también; con la diferencia de que lo han mantenido en un mundo bastante aislado en la práctica (aunque se diga que se está inmerso en el mundo). Este es el tiempo de las contradicciones…
El proceso de salida:
Para un hijo de supernumerario esta situación – aparte de la programación psicológica de sentimientos de culpa, que le han sido inculcados en caso de querer ir en contra de lo establecido (y según el Opus Dei, querido por Dios) – tiene una connotación adicional tremenda: “qué van a pensar mis padres”… “echarles abajo todas sus ilusiones”… etc.
Este peso adicional hace que la decisión final sea más difícil de tomar y a la postre, deteriora más al niño-hombre y en muchos casos, genera un sentimiento de rechazo para con sus padres supernumerarios. Y el tiempo, sigue “caminando” (uno o dos años más).
Tal es el grado de stress a que se ve sometida esta persona, que es el tiempo de las malas calificaciones, de los exabruptos de carácter, de las escapadas del centro y demás menesteres. La vida del centro es una carga, las normas de piedad ya no lo son… los directores, únicamente saben aplicar lo que está escrito al pie de la letra. Es el proceso de salida…
El retorno a casa:
Superado el trámite de la dimisión del Opus Dei – sea que el “quasi adulto” haya hecho oficialmente la admisión o esté a punto de hacerla – y que ese proceso haya sido en términos amistosos, menos amistosos o para nada amistosos, al hijo exnumerario, muy probablemente le tocará regresar a la casa de sus padres… la casa de sus padres supernumerarios.
Y aquí, se perfilan varias posibilidades… y pondré varios ejemplos:
El padre o la madre inquisidora: “Quiero una Madre, no una madre “censora” e “inquisidora”… exclamación de un hijo que se siente controlado por sus padres que están continuamente recordándole su “descamino”; su “camino a la perdición”, etc.
La otra posibilidad son los casos radicales en donde hay una ruptura total – sea por parte del hijo o de los padres – y por tanto, un rechazo a la convivencia en una misma casa.
Y finalmente, la más sana y humana; para la cual pondré por ejemplo el de un supernumerario cuyos 3 hijos y 2 hijas - todos numerarios - pasados los años, fueron regresando uno a uno a su casa. Este buen hombre decía: “el Señor me los quitó un día; ahora me los está devolviendo”… el retorno a casa...
El meollo del asunto:
La vida no se puede “programar” de antemano – aunque quisiéramos es imposible – pues no somos máquinas robotizadas. Las variables son muchas y sobre todo una: somos humanos. El problema de los padres, influenciados por el Opus Dei, es pasarle la factura a los hijos de sus decisiones… se desayuna Opus Dei, se almuerza Opus Dei, se cena Opus Dei… el colegio es Opus Dei también… Ese hijo nutre y respira Opus Dei desde que nace y vive: Opus Dei a diario… sin ser miembro… De ahí que cuando le preguntan si cree o no tener vocación, es muy posible que resbalado por sus propias creencias – preprogramadas desde el útero – y sin haber visto más mundo que el del Opus Dei, considere dar el “sí” a aquella proposición hecha – muy probablemente - por su director espiritual, que no es ni más ni menos que su confesor. ¿Qué va a responder?... de conejo y coneja, salen conejitos…
Y repito, el sistema está montado – así funciona el Opus Dei – de esta forma para que los padres cometen el error de “delegar” su papel de formadores y responsables de ese joven al Opus Dei. ¿Cuál es la visión de futuro de los colegios del Opus Dei? Una fábrica de Numerarios, en su mayoría hijos de supernumerarios; este es el meollo del asunto...
Lo realmente importante:
Al final todo converge a un único punto… lo más importante es la familia; ahí es dónde se educa, ahí es donde se toman los modelos de comportamiento… y “sumergir” a un hijo o una hija en un caldo único, haciéndole perder la posibilidad – y aún más importante - su derecho a saborear los condimentos que la vida le ofrece, es un error gravísimo; un error que los padres no ven, pues están obnubilados – cegados, programados, condicionados - por el mismo sistema, el cual transmiten directamente a sus hijos, perdiendo ellos mismos – sin darse cuenta - su derecho a EDUCAR EN LIBERTAD, que es lo realmente importante...
¿Qué va a ser de ese niño quasi-adulto cuando salga al Mundo real? Es como un ser que ha estado – que ha vivido - en una burbuja irreal; ¿qué le va a pasar cuando salga al mundo real y vea que afuera hay mil ideas distintas a las que – sus papás, sus amigos, sus confesores - le han transmitido siempre? … YA ABSORBIO LA SANTA INTRANSIGENCIA, y no habrá nada -¿?- que pueda jamás remediarlo. Y cuando se cuestione que el sistema no es el único, y que ha vivido engañado desde pequeño… ¿qué sentimientos se le van a generar en contra de sus padres, por haberle metido todas esas ideas…aunque fuese por “su propio bien”?...
¿Cuántas estadísticas de hijos de supernumerarios trastornados emocional y psicológicamente hay? ¿Cuántas de estas actitudes y reacciones no son más que EL RECLAMO, una manera de llamar la atención del amor de sus padres… de hacer cosas que se opongan a lo que a ellos siempre les pareció lo mejor… de hacer cosas que les escandalicen… como ingerir drogas desde muy jóvenes, de tener problemas de Anorexia y/o Bulimia, o de desbordarse en una sexualidad desenfrenada, o de tener dos o tres divorcios… TODO por no haber tenido el derecho a ser EL/ELLA MISMO/A…, PORQUE NO EXISTIA MAS OPCION QUE LA MARAVILLOSISIMA OPUS DEIA?... y si se sale de esos esquemas…. ESOS PADRES LE VAN A VER COMO “EL HIJO FRACASADO”…
Este artículo está lleno de drama… porque hay mucho drama en las vidas de los hijos de familias del Opus Dei… este es un primer intento por poner en blanco y negro, los cientos de decenas de vivencias de familias enteras que han pasado por eso que llaman el drama del Opus Dei...
No es nuestra intención mencionar nombres de esas respetables familias – no sería justo decirlas públicamente, pues se estaría rompiendo su intimidad – pero sí podemos decir que son decenas de familias costarricenses con problemas de este tipo; lo que sí podemos hacer es solicitar a quien quiera dar su testimonio - anónimo si lo desea – lo haga para ayudar a otras familias a no cometer los mismos errores.





Han dimitido del Opus Dei a la fecha 122 personas 83 Numerarios, 12 Agregados, 27 Supernumerarios y ningún Sacerdote) (por confirmar un Sacerdote). 
